FUIMOS.
Tú que llegaste en mi mejor verano y sin avisar, y te fuiste en el invierno más frío. Sí, tú. Tú que inundaste mis días de euforia y me sacabas sonrisas sin avisar. Tú que convertías mis lunes por la mañana en viernes por la noche. Tú al que la inseguridad y el miedo a enamorarse le jugó una mala pasada. Tú, que a todo le buscabas pegas. Quiero decirte que pusiste mi mundo patas arriba.
Es cierto, mi mundo fue un poco más feliz mientras estabas. Cuando pensé en dejar atrás, el tú y el yo, para convertirlo en plural. Ese plural que un día lo fue todo para mi y hoy es de todo menos mío. Y que ahora, del tú al yo, solo hay nada. Que el pasado del verbo ser, se convirtió en nosotros. De un momento para otro, con un éramos.
Éramos todo lo contrario el uno del otro.
Éramos la incompatibilidad menos compatible en el horóscopo.
Éramos de esos que no saben estar juntos en público pero a solas, eso ya era otra cosa.
Éramos de esos que no sabían exactamente qué eran.
Éramos de esos que uno quiere y el otro se deja querer.
Éramos de esos que se odiaban a ratos.
Éramos de esos que se devoraban en el coche para no pasar frío mientras escuchan el mismo disco de siempre.
Éramos de esos que se quedaban desnudos el uno cerca del otro hablando de cosas absurdas.
Éramos de hablar por teléfono a las tantas de la madrugada mientras uno de los dos regresa a casa.
Éramos de esos que compartían risas mirando atardeceres.
Éramos de esos que improvisan planes y acaban en el rincón menos pensado.
Éramos de esos que no supieron decir “te echo de menos”.
Éramos de esos que dejaron pasar el tiempo.
Éramos de esos que nunca hablaron las cosas.
Éramos: primera persona del plural del pasado del verbo ser. A.R.